Nació en Tafalla, pequeña ciudad de Navarra (España) el 14 de Marzo de 1868. Su nombre de bautismo era Florentina (Flori).
Su primera educación fue la propia de los ambientes y familias cristianas de la época; enseñanza y testimonio de su familia, de la parroquia y los vecinos que vivían el amor y la unión, el trabajo y la solidaridad. Era la menor de cuatro hermanos y necesariamente había que compartir y colaborar.
Cuando tenía 14 años su padre la llevó al Colegio-Internado de Santa Rosa de Huesca para seguir sus estudios. Esta nueva experiencia de vida marcó también su personalidad, creando nuevos horizontes, ideas, amistades y posibilidades de futuro.
El contacto con la vida Religiosa creó en ella un interrogante sobre su vocación. Y cuando tomó la decisión de ser religiosa, al terminar sus estudios, prefirió volver un año a su familia para clarificarse plenamente antes de seguir su vocación.
Las circunstancias socio-políticas de España en esta época, fueron despojando al Convento de Huesca de gran parte de su trabajo al quitarles, el Estado, en 1912, la escuela Normal que regentaban, y junto con ella la Escuela Graduada: ambas debían pasar a la Diputación. La Comunidad repentinamente perdió parte de su trabajo y apostolado

LOS POBRES
Madre Ascensión está feliz en la misión; su «preferencia por los sencillos» le llena y le desborda. A los pocos días de llegar a Maldonado, abren el Colegio con las niñas del poblado. Pero el Proyecto del Vicariato, en el cual están colaborando, era más amplio; deberían abrir el internado para recibir en él a las niñas más pobres y dispersas por la selva.
Pronto se abre el internado. Llegan las primeras chunchitas de la tribu Baraya, que se quedan a vivir con las hermanas y el internado se llena. En el colegio se va reflejando la situación social que vive la selva: el enfrentamiento entre nativos y caucheros. Las hermanas optan por los nativos y deciden que en el colegio habrá lugar para los que lo deseen, pero con preferencia para las nativas.
Enseguida empiezan a llegar enfermos graves pidiendo ayuda y, las hermanas, sin recursos, también abren su casa para acogerlos mientras encuentran otras soluciones. Ellas mismas salen a visitar a los enfermos y llevarles algún remedio. Los fines de semana salen a las cabeceras de los ríos, reúnen a las mujeres, etc. Llevadas por las necesidades de la nueva situación, van abriendo apostolados.
Es una etapa de aprendizaje. Va dándose cuenta, M. Ascensión, de que la Evangelización en situación misionera es amplia, integral; que requiere un talante especial y abierto en las hermanas y una organización nueva y funcional.
Madre Ascensión siempre tuvo una gran fe y vivía con estricta puntualidad lo referente a las prácticas de oración. En la nueva vida misionera, su fe se fortalece, tomando nuevas expresiones, ante las situaciones de dificultad, incertidumbre, alegría y gozo, soledad y encuentros.
Siente que Dios está en «el camino». Con Él dialoga en los días de viaje en barco, en mula, en canoa, al descubrir los encantos de la Cordillera de los Andes, o encontrarse con la impresionante belleza de la selva.
Sobre todo experimenta el encuentro con Dios en las niñas que llegan de la selva, en los enfermos que hay que atender, en las mujeres que viven de forma diferente a lo que ellas habían conocido. La experiencia de Dios es tan fuerte que ella dice:
DAR CUENTA DE LOS TALENTOS: SU MUERTE en los últimos años de su vida, Madre Ascensión siente el deseo de retirarse para recapitular su vida pero, no es condición del obrero del Reino morir en el descanso sino en la brecha. Dispuesta a servir hasta el final, aceptará su tercera reelección en el Capítulo General de 1939 a 1940 recoge sus últimos esfuerzos por la Congregación. Durante la Navidad se siente decaída, enferma y aunque procura disimular para no alarmar a las hermanas, ya no se siente con fuerzas ni para escribir una carta. A mediados de Enero se acostaba definitivamente, ya no se levantaría más. Los médicos se sintieron impotentes para detener un desenlace que nadie deseaba.

Para quien ha vivido su vida como tarea por el Reino, morir significa dar cuenta de los talentos recibidos. Dios la llamó a su presencia el 24 de febrero de 1940.